lunes, 6 de julio de 2015

Algo más que palabras

La población como secuencia en el tiempo

Víctor Corcoba Herrero/ Escritor
               
La idea aristotélica de que "el instante es la continuidad del tiempo, pues une el tiempo pasado con el tiempo futuro", me ha dado pie a dar fundamento a este artículo periodístico. A veces uno se sorprende hasta de que pueda existir y cohabitar en ese proceso, pero realmente es la vida la que da vida o la que nos dona luz, es decir, sabiduría para dar prolongación histórica a un modo de pensar y de hallarse. Por eso, en algunas ocasiones, uno se puebla de coraje y surge la esperanza, en base a unos valores compartidos, para contribuir a un futuro habitable para todos. No olvidemos, que al igual que los individuos, los pueblos nacen y mueren; pero la población persiste sobre el planeta, permanece como secuencia de la propia especie en el tiempo, a pesar de las muchas contrariedades que nos degradan la savia. Ciertamente, a lo largo de nuestra historia hemos tenido la oportunidad de celebrar nuestra humanidad común y nuestra diversidad, pero creo que ha llegado la hora de reflexionar sobre tan importante cuestión de persistencia y permanencia. Sería saludable, pues, que coincidiendo con el día mundial de la población (11 de julio), nos replanteáramos cuestiones que son básicas, para que la cadena, tanto de convivencia como de existencia, no se tambalee o se rompa.

Para despuntar, somos tan minúsculos que cada ser humano puede nacer en cualquier sitio y formar parte de una cultura u otra. Nuestras poblaciones están observando, a mi juicio como jamás ha sucedido en nuestra tradición, procesos de mutua interdependencia e interacción a nivel global, que, si bien es verdad que toleran elementos problemáticos como las migraciones, tienen el objetivo de mejorar las condiciones de vida de la familia humana, no sólo en el aspecto económico, sino también en el humano. Por consiguiente, toda persona pertenece a la humanidad y comparte con la entera familia de los pueblos, la ilusión de un futuro mejor y la expectativa de una especie en unión. Dicho esto, conviene recapacitar sobre el desbordamiento del nivel del mar, que puede ser un auténtico problema. Téngase en cuenta que la cuarta parte de la ciudadanía mundial vive en zonas costeras o muy próximas. Por otra parte, multitud de moradores, especialmente en África, carecen de agua potable segura o padecen tremendas sequías que dificultan la producción de productos alimenticios. Un problema, particularmente grave hoy en día, es el de la calidad del agua disponible, si nos atenemos a las muchas muertes producidas. Además, la vida en los ríos, lagos, mares y océanos, que alimentan a gran parte de los humanos, mal que nos pese, aparte de verse afectada por el descontrol y el despilfarro en la extracción de los recursos pesqueros, también sufren una gran contaminación. Cerrarse en banda y no querer ver esta situación, por tremenda que nos parezca, para no corregirla cuanto antes, pienso que  es cargar sobre nuestra conciencia el peso de negar la continuidad de algunas especies.

Verdaderamente, el mundo está hecho para repoblarse continuamente de seres vivos. Y en este sentido, para forjar un futuro mejor para las generaciones venideras, es imperioso promover una economía al servicio de toda la población mundial, así como activar una sana política, capaz de poner las instituciones al servicio de los ciudadanos, para superar presiones o cualquier otro síntoma de corrupción. Por eso, los Obispos de Nueva Zelanda se preguntaron qué significa el mandamiento "no matarás" cuando "un veinte por ciento de la población mundial consume recursos en tal medida que roba a las naciones pobres y a las futuras generaciones lo que necesitan para sobrevivir". Tema grave, gravísimo, y aunque puedan parecernos palabras densas y fuertes, la crueldad radica en dejar que la desesperación de algunos no cese jamás en vida, mientras otros, hasta por divertimento, lo derrochen todo, sin importarles para nada el bien colectivo, adueñándose del planeta como si fuera exclusivo de los poderosos, obviando muchos gobiernos el respeto a los derechos humanos y a las libertades fundamentales, cuando en verdad deberíamos responder eficazmente ante cualquier violación.

Pese a los enormes desafíos del momento actual, creo que han de propiciarse los debates a escala global y nacional sobre los derechos humanos y el desarrollo de la especie, centrándose a mi manera de ver, mucho más en el ser humano como tal, que es víctima y verdugo a la vez en tantísimas ocasiones, sobre todo a raíz del aluvión de deterioros humanos percibidos ante la falta de ética y, por ende, de humanidad perdida, proyecto que ha de ser recuperado cuanto antes. Por desgracia, no se puede avanzar en la medida en que los políticos caminen obsesionados sólo por atesorar o agrandar el poder, en lugar de servir a la ciudadanía. Junto a este pelaje ha crecido, asimismo, una legión de oportunistas que únicamente piensen en el rédito económico, en vez de activar el capital humano, que es lo verdaderamente progresista y rompedor. Pensemos, que mientras más vacío esté el alma de los moradores, más necesitados andaremos de objetos de deseo; aunque luego, tras su uso, los tiremos porque ya no sirvan para nada. Naturalmente la humanidad tiene que humanizarse con otros hábitos, para empezar renunciando a un mercado tentador y muy acaparador, sólo así podrá revivirse en esa deseada alianza entre la hoy maltrecha población y el  actual maltratado medio ambiente. 

Hace falta, por tanto, que la población vuelva a sentir que todos somos parte de un todo, que tenemos una responsabilidad de poner orden en nuestras existencias. De ninguna manera podemos resistir ante este huracán persistente de degradación moral que nos invade. No me cansaré de escribirlo, de vociferarlo, puesto que estoy sugestionado que burlándonos de la honestidad nos estamos engañando, primeramente cada cual consigo mismo, y después, mofándose de nuestra propia bondad interior, como si fuésemos un trozo de materia sin voluntad. En consecuencia, es el momento de situar los problemas de la población en la perspectiva de un destino armónico, donde la decencia sea el abecedario permanente, mediante acciones conjuntas y valientes, para que cada ciudadano pueda hallar, por sí mismo, ese horizonte humanitario de autenticidad que engrandece al propio linaje. Todos somos conscientes de que ese camino no es fácil, porque se trata nada menos que de cambiar mentalidades, formas de vivir y de ser, pero confiemos en ese reforzarse como ciudadanía nueva, bajo el referente de la escucha a todo y a todos.

Hoy más que nunca, las personas de todas las culturas pueden influir  de manera positiva unas en otras, cuando menos para hacernos reconsiderar nuestras acciones, crecidas por la violencia y la dominación de pensarnos dueños del universo. En cualquier caso, es bueno que nos interroguemos, y tengamos tiempo para hacerlo, máxime cuando cavilamos por un mundo más equitativo, y no escuchamos a los excluidos. Por ello, estoy convencido que la nueva población necesita otras motivaciones y, sobre todo, un camino educativo más acorde con la propia naturaleza creada. En definitiva, lo que le ha pasado a nuestra población es que su retroceso está ahí, más allá de la crisis financiera; y, lo nefasto del momento, es no ir al corazón del problema, que radica en el desprecio por algunos seres humanos (los marginados) y en el menoscabo de buena parte del hábitat; a la que, por cierto, ya le cuesta seguir la secuencia de vivir y dejar vivir.

martes, 30 de junio de 2015


Fortalecerán cooperación gobiernos locales de México y Francia


París, Francia.- Integrantes de la Conferencia Nacional de Gobernadores (Conago) de México y de la Asociación de Regiones de Francia (ARF) suscribieron la Declaración sobre la Acción Exterior de los Gobiernos locales, para profundizar en temas como cultura, ciencia y tecnología, así como educación, entre ambas naciones, documento que se someterá a la consideración de los presidentes de Francia, Francois Hollande, y de México, Enrique Peña, en próximos días en este país europeo.

Por lo que en su carácter de coordinador de la Comisión de Asuntos Internacionales de la Conago, Eruviel Ávila, gobernador mexiquense, signó con su homólogo Jean Paul Bachy, presidente del Consejo Regional Champagne Ardenne y de la Comisión de Asuntos Internacionales y Cooperación descentralizada de la ARF, una carta de intención entre ambos organismos, y sostuvo que las relaciones entre ambos países se encuentran en su mejor momento.

Ese documento, así como la carta de intención suscrita también entre los gobernadores de México y los representantes de los gobiernos locales de Francia, tienen como objetivo estrechar la coordinación y colaboración entre autoridades de ambas naciones. La Carta de Intención establece el sistematizar la comunicación y coordinación para facilitar acciones conjuntas y esquemas de cooperación descentralizada entre gobiernos locales de ambas naciones; el intercambio de información, experiencias, asistencia técnica, desarrollo de proyectos y mejores prácticas sobre la acción internacional desde lo local, así como el impulso de acuerdos específicos entre los gobiernos locales de ambas naciones; dichas acciones se pueden enfocar en tres aspectos:

1.- Educación, fortaleciendo intercambios estudiantiles, para compartir experiencias y los gobiernos pueden estimularlos a través de la entrega de becas.

2.- Gobernanza metropolitana y regiones para el desarrollo, considerando que de cada 10 personas, 8 habitan en zonas metropolitanas.

3.- Ciencia, tecnología y medio ambiente.


Al dar lectura a la Declaración sobre la Acción Exterior de los Gobiernos locales de Francia y México, el gobernador de Tlaxcala y presidente de la Conago, Mariano González, afirmó que los lazos históricos entre ambos países se traducen en el fortalecimiento de acciones de relación exterior e intercambio de acciones entre los gobiernos de las entidades federativas y municipios de México, y los consejos regionales, departamentales y municipios de Francia. Asimismo, demuestran el fortalecimiento de la coordinación de asociaciones de gobiernos locales, para establecer canales de comunicación y coordinación, acciones conjuntas y esquemas de comunicación entre gobiernos, expresó.

Algo más que palabras

La utopía radica en el horizonte

 Víctor Corcoba Herrero/ Escritor

Tenemos que volver a nuestras raíces. El mundo debe concentrarse en vivir en sociedad, en atender a las personas más vulnerables,  en comprender el abecedario del corazón para contribuir a una vida más auténtica y desprendida. Ciertamente, cada ciudadano es como es, pero ha de buscar vivir en lo armónico; y es, desde esta estética del alma, como podemos avanzar hacia esa unidad conciliada y reconciliadora que tanto necesitamos. Con frecuencia, Naciones Unidas nos llama la atención sobre la represión sistemática y la violación constante de los derechos humanos. Estos desajustes sociales casi siempre parten de poderes que gobiernan con arbitrariedad e impunidad, sin miramiento alguno por el ser humano, al que se le desmotiva hacia una falsa conquista de un bienestar que no es tal, puesto que cada día somos más esclavos de nuestras propias contrariedades. Por desgracia, lo hemos concentrado todo en el individuo, cuando el horizonte es comunitario y la grandeza de un bienestar moral es cuestión global.

Indudablemente, necesitamos tener horizontes por los que vivir, por los que luchar, es nuestra gran esperanza, en un mundo que por su naturaleza es tremendamente imperfecto, pero va a ser nuestro coraje y nuestra ética lo que va impedir que las cosas no tengan un final perverso. Todo va a depender de la propia especie humana, en el sentido de que podemos ser tanto constructores como destructores de un camino sin retorno. Por ello, tenemos que hacer todo lo posible por aminorar los sufrimientos en un mundo espantosamente permisivo, ocupado y preocupado por grandezas absurdas, en lugar de mostrar la mano tendida hacia aquellos seres humanos que a diario se ahogan en el miedo ante nuestra indiferencia. Sin duda, la ciudadanía tiene que mostrarse más acogedora.  Los países deben analizar individualmente el riesgo de tortura que sufren algunas personas migrantes y no deportar a nadie a un lugar donde corra el peligro de sufrir persecuciones o tormentos. Debemos protegernos unos a otros, no victimizarnos. No olvidemos, que un mundo sin clemencia es un mundo a la deriva, por mucho que se nos llene la boca de justicia.

Nuestras raíces son las que son y han de estar relacionadas con la autenticidad del consuelo, y con la imagen de la esperanza puesta en nosotros mismos. Puede haber personas que hayan destruido en sí mismas el deseo de crecer como humanidad, optando por vivir egoístamente para su yo y el de los suyos, personas que han vivido para el odio y la mentira, que han pisoteado la inocencia de un niño y hasta la sonrisa de un abuelo, pero detrás de su terrible historia van a reencontrarse con la decadencia de su propia paz interior. A poco que ahondemos en lo que somos, veremos que nuestras existencias están en profunda comunión entre sí. Nos necesitamos todos para proseguir nuestras andanzas cada amanecer, incluso hasta en el sufrimiento si es compartido es menos sufrimiento, tampoco nadie puede vivir por sí mismo. En consecuencia, nunca es demasiado tarde para recomenzar una nueva vida, donde se avive mucho más la conciencia social, para de este modo reconocer cuál es la contribución que cada uno puede aportar solidariamente al mundo y a sus análogos.


Por desgracia, no sólo se viene produciendo un deterioro mundial de la convivencia, también soportamos una degradación del mismo ser humano, al que se le impide muchas veces, no solo transitar por el mundo, sino también vivir y poder desarrollarse. Cada día son más las fronteras y las barreras que nos trazamos unos contra otros, y mucho me temo que esto va en aumento, ante la debilidad de las reacciones internacionales. Todo se somete al poder y a los poderosos, luego se manipula la información hasta el extremo más ficticio, para que prevalezca el interés de los activistas de las finanzas. Así no se puede avanzar en esa añorada unidad. Es verdad que todo está interconectado, pero todo está asimismo dañado por una visión excluyente que margina y no ampara, aunque sabemos que toda sociedad tiene la obligación de defender y promover el bien colectivo. Ahí están los muchos deberes por hacer. Aún no hemos erradicado la miseria porque no hemos querido. Nadie asume responsabilidades. Y la factura de débitos desbordándonos. Mal que nos pese, pues, el horizonte es negro. Nos amenaza la tempestad. Trabajemos, pero de otra manera; a mi juicio, más coordinados y con menos venganzas. Este es el único remedio que se me ocurre para el mal de este siglo.