viernes, 28 de agosto de 2020

Inauguran el Centro de Servicios Integrales CESI Tulancingo de la Procuraduría General de Justicia del estado de Hidalgo.


En representación del Gobernador Omar Fayad, el titular de la Secretaría Ejecutiva de la Política Pública Estatal, José Luis Romo Cruz, inauguró el Centro de Servicios Integrales CESI Tulancingo de la Procuraduría General de Justicia del estado de Hidalgo.

 

José Luis Romo Cruz destacó la importancia de impulsar la Agencia de Investigación criminal estatal desde la Procuraduría General de Justicia del estado de Hidalgo para dar mejores resultados en materia de procuración de justicia y contribuir a las acciones para reducir índices delictivos en favor de la población.

 

El titular de la Procuraduría General de Justicia del estado de Hidalgo, Raúl Arroyo, expuso que la dependencia ha tenido una buena coordinación de trabajo con la Secretaría Ejecutiva de la Política Pública Estatal y la Secretaría de Obras Públicas en la construcción del #CESITulancingo.

 

El Gobernador Omar Fayad tiene el compromiso de gobernar a través de mejorar los servicios de procuración, por ello, el titular de la Procuraduría General de Justicia del estado de Hidalgo, Raúl Arroyo, pidió a las organizaciones de abogados su apoyo para que esto mejore ya que es en beneficio de la población.

 

Durante el evento el procurador, entregó al secretario José Luis Romo Cruz, el acuerdo por el que se emite el Reglamento de Seguridad, Control de Acceso y Protección Civil para los Centros de Servicios Integrales de la Procuraduría General de Justicia del estado de Hidalgo.

Algo más que palabras

Asegurar la vida

“Lo importante es la convicción de rectificar, de hacer equipo, de trabajar unidos para superar las divisiones”

 

Cada día es más complicado asegurar la vida, ya no digamos un futuro común, en un planeta que no acierta a despojarse de sus miserias irresponsables y a despejar horizontes claros. De ahí, lo importante que es alzar la voz en contra de este diluviar mundano, verdaderamente catastrofista por su alcance global, que nos deshumaniza y pervierte como jamás. Los actuales sistemas educativos, de salud o productivos, hace tiempo que son ineficaces. Lo sabemos. Además, todos de algún modo, nos hemos visto involucrados en estas injustas realidades. Sin embargo, nos faltan actuaciones concretas, compromisos leales y sensatez en la continuidad del trabajo por alcanzar otras atmósferas más armónicas, que nos cercioren, cuando menos de tranquilidad, en un mundo excesivamente oprimido por todo tipo de armas. Los Estados, desde luego, no se pueden desentender de estos escenarios de desastre, ni tampoco desatender a su ciudadanía. Tiene que haber una previsión gubernativa, en todo caso y siempre, sobre lo que puede hacer una sociedad ante una situación de desastre.

 

Indudablemente, los naufragios no son para hacer dividendos, han de servir para repensar sobre el acontecer de tantas esclavitudes y explotaciones; pues, para asegurar la vida, lo prioritario es velar por la seguridad de las personas, y también, por la sostenibilidad de las empresas y los puestos de trabajo. En consecuencia, hay una gran responsabilidad social, también de los gobiernos, de asumir cada cual sus funciones, para poder recuperar y llevar a su plenitud, aquellos derechos pisoteados y deberes olvidados. No se puede asegurar nada, si empieza por fallar esa natural comunión de amor, el desprendimiento en la familia; o esa conciliación con la naturaleza de la que formamos parte, también la omitimos, convirtiéndonos en meras máquinas sin corazón alguno. Ahora bien, jamás hay que perder el anhelo de cambio, lo importante es la convicción de rectificar, de hacer equipo, de trabajar unidos para superar las divisiones.

 

Por eso, es significativo sembrar abecedarios de esperanza, en la confianza de que las dificultades puedan convertirse en fuertes promotoras de savia y de supervivencia en abundancia, transformando los dolores en alegrías y las duras noches en días. Cuidar  de la fragilidad de las gentes y de los pueblos significa proteger la vida y dar luz, simboliza hacerse cargo del presente en su situación más desdichada, y ser hábil para dotarlo de decencia, lo que requiere que pueda obrar según su libre elección vivencial. Por desgracia, el decoro de toda vida no se ha mundializado. Santa Teresa de Jesús, aposto por “vivir la vida de tal suerte que viva quede en la muerte”; quizás, porque justo en ese instante de morir, uno realmente comienza a estar, a hallarse tiernamente y a coexistir eternamente.

 

En ese asegurar la existencia, nos va todo, la dignidad es una palabra clave que tenemos que poner más en práctica los humanos, porque significa avanzar en el reconocimiento de derechos inalienables, de los que ningún ser humano puede ser privado; y, menos aún, en beneficio de negocios de compraventa. Sin duda, es fundamental activar una cultura de obligaciones y de derechos, que nos aleje de esa fuente de abandonos, de pérdida de vínculos, en beneficio de multitud de conflictos y violencias. Precisamente, una de las enfermedades que veo hoy más extendidas por el mundo, tal vez sea esa soledad impuesta, envejecida por el dolor y la ansiedad de morir en vida, ausente de este mundo insensible, que no sabe ni reencontrarse consigo mismo. A este respecto, no podemos olvidar aquí las numerosas injusticias que sufren cotidianamente esas gentes a las que se les impide su realización mediante un trabajo decente. La vida es demasiado bella para que nos la echemos abajo unos a otros. Quizás para vivir en  la decencia sea muy necesario haber aprendido a reconciliarse.

 

Aproximarse a esa diversidad de culturas y avenirse a un entendimiento, construido sobre los principios de solidaridad, de modo que prevalezca la ayuda mutua y el respeto recíproco, nos hará que desaparezcan de la faz de la tierra todos los egoísmos reinantes, que deben resolverse en diálogo sincero, reconduciéndonos a un orbe desprendido del miedo al terror. Sin ese espíritu solidario, consagrado en vivir y en dejar vivir, difícilmente vamos a poder llevar a cabo la misión de dar aliento, convirtiéndonos en un diabólico ahogo, por mucha tecnología digital que pongamos en práctica. Hace falta sentir los latidos que llevamos dentro, compartirlos y brindarlos con esa mirada del alma que solo es posible verla a corta distancia, pues aunque de manera muy desigual, nuestro orbe está interconectado y los dispositivos informáticos, pueden ser tan beneficiosos para el desarrollo como perniciosos para los derechos humanos. En todo caso, siempre nos quedará ese calor de un hogar familiar, capaz de acompañarnos y sostenernos, en este peregrinaje de sueños. Confiemos que con final feliz.

Víctor CORCOBA HERRERO / Escritor

viernes, 14 de agosto de 2020

Columna “Los Holgazanes”


Detienen a la líder tianguista y priista Fany Soriano Ramos de Valle de Chalco por presuntos actos de violencia y por atropellar a un policía municipal.


 

Valle de Chalco Solidaridad, Estado de México.

La líder del PRI local Fany Soriano Ramos, quien es también líder del tianguis “Puente Rojo” fue presentada, el día de hoy, ante el Ministerio Público del municipio vallechalquense, presuntamente por incitar actos fuera de la ley y por lesionar a un policía municipal que cumplía con su deber. Todo lo anterior, derivado de un conflicto entre dos tianguis: el de “Puente Rojo” y el de “La Nopalera”, en la colonia San Isidro. Por lo que el gobierno municipal que preside el Lic. Armando García Méndez, a través de un comunicado informó que el cauce de esta situación se dará de forma legal, priorizando el diálogo y la concertación; pero nunca la negociación en lo oscurito, ni la permisión de actos salvajes que vayan en detrimento de la sociedad.

En las gráficas, podemos observar que el Centro de Justicia de Valle de Chalco se encontraba resguardado por elementos de la Guardia Nacional, Policía Estatal, así como Municipal.






jueves, 13 de agosto de 2020

Algo más que palabras

Celebrar y dar voz en el “ahora”

 “Aunque pasen los ciclos, jamás uno debe abandonarse”

  

Hoy más que nunca necesitamos celebrar y advertir que la vida, mientras se vive, también se disfruta con la certeza de que somos el “ahora” de la presencia en el camino, el instante preciso y precioso del compromiso, el momento de repensar lo que soy, movido por ese presente del que cada cual es mero protagonista. Por tanto, la confianza en uno mismo es el primer paso de todo buen caminante. Hemos de saber, además, que ningún tiempo ha sido fácil para sus moradores. Este tampoco lo iba a ser menos. Somos débiles y necios. Para empezar, hemos activado una crisis de valores humanos que nos impide fortalecernos, actuar de manera conjunta y hallar soluciones a los diversos problemas y amenazas actuales, como la pandemia de COVID-19 y el cambio climático, las persistentes contiendas, entre las que está la amenaza nuclear que sigue creciendo tres cuartos de siglo después del bombardeo de Nagasaki, o la falta de transparencia en nuestras acciones humanas que prolongan sin respetar, algo tan esencial, como los derechos inalienables de toda existencia, la inclusión mediante un trabajo decente y los accesos a salud y educación.

 

Indudablemente, el “ahora” hay que sustentarlo con la escucha. No hay otro modo de llevarlo a buen término. Con demasiada frecuencia, se tienden a dar respuestas interesadas, obviando que cada época requiere de sus abecedarios. Tampoco es de recibo la creciente manipulación que se observa en un mundo en crisis, por parte de determinados grupos políticos o poderes económicos, que han convertido cualquier vida en un blanco fácil para las estrategias más brutas y destructivas. Es cierto que la pandemia de COVID-19 ha tenido graves repercusiones sociales en todo el mundo, pero de igual forma es verdad que nuestra cultura actual explota la imagen humana, contribuyendo a deshumanizarnos como jamás. Por desgracia, el circuito de la indiferencia y la desigualdad entre linajes prosiguen  globalizándonos. Junto a este cúmulo de miserias, la proliferación de noticias falsas nos deja desorientados, hasta el extremo de perder el sentido de lo auténtico, que es como dejarse de amar. Perennemente la reputación de las personas se pone en peligro a través de redes sumarísimas, que asesinan a vivientes sin consideración alguna. Desde luego, ese mundo virtual que nos encarcela, aparte de alejarnos de todo vínculo, nos está volviendo tan fríos como las piedras.

 

Por eso, es fundamental celebrar el cambio de mentalidad y actitudes, que pasa por poner fin a esta forma de abuso planetario, que nos siega el innato entusiasmo existencial. A propósito, con buen criterio, en 1999, la Asamblea General de las Naciones Unidas designó el 12 de agosto como el Día Internacional de la Juventud, a fin de activar su protagonismo en los procesos de evolución. Lo que importa no es pensar en el ayer, ni en lo que va a venir, sino en cargar con el “ahora”, hasta volverlo más generador de ilusiones, que nos haga cuando menos despertar y existir, reiniciándonos con el impulso de la novedad. Lo cardinal no es haber caído en un espíritu inhumano, de vicios y malos hábitos, sino en poder salir de ellos, rebosando esperanza. Sea como fuere, de ningún modo podemos achicarnos, requerimos de la celebración de la unidad, pero asimismo demandamos poder erguir la cabeza. Hay cosas que debemos batallar y una es la de perseverar viviendo en libertad. Aunque pasen los ciclos, jamás uno debe abandonarse. El crecimiento, con la cátedra de los años, también puede coexistir con un fuego constantemente reavivado, con un pulso siempre joven. El alma no envejece en la vida.

 

En cualquier caso, nunca es tarde para construir castillos en el aire y poder cimentarlos luego con la experiencia vivida junto a los que nos acompañan. Lo substancial pasa por desechar las tristezas y las melancolías de nuestra visión, tomando el “ahora”  como idea para pensar en lo que uno puede hacer con lo que hay, y en el “aquí” de nuestros activos andares, para poder sintonizar con las arpas del universo. Al fin y al cabo, lo importante es no malgastar el tiempo y ponerse siempre en acción, pues si son muchas las necesidades humanitarias que nos reclaman, aún más todavía es dejarnos oír como protagonistas de la gran revolución de la clemencia y el servicio, resistiendo a todas las patologías del consumismo más absurdo y al individualismo más borreguil y superficial. Crear otros ambientes más humanos que los actuales requiere de tesón y familiaridad, alimentado todo ello por el aguante y la tolerancia. Como dice San Agustín: “Canta, pero continúa tu camino. No te vuelvas perezoso, canta para hacer el camino más agradable. Canta, pero sigue… Si progresas, continuarás tu viaje, pero asegúrate de que tu progreso sea en virtud, fe verdadera y vida recta. Canta entonces y sigue caminando”. Encantémonos, pues, coreando unidos esta inspiración, que todos tenemos nuestro tiempo y también hemos de tener nuestro espacio para hacerlo. Rubrico, en consecuencia, que el mundo habrá llegado al máximo de humanidad, cuando sus ciudadanos loen a la vida, diciendo menos y oyéndose más.

 

Víctor CORCOBA HERRERO / Escritor